Ramón Tenía 79 años y vivía en Barcelona desde que dejó el pueblo. Durante toda su vida laboral trabajó para la Seat y como anécdota me contaba que no había pedido la baja nunca. En esa ciudad formó una familia con Lola una extremeña que también dejó su tierra en busca de mejor porvenir. Ha tenido dos hijas maravillosas que junto a su mujer han sido su apoyo y su sostén en sus idas y venidas al hospital porque llevaba ya un tiempo delicado de salud. En una de esas remontadas me decía: «Estoy vivo gracias a mi familia, no sabes lo que me cuidan; están pendientes de mi para todo». Esta vez no ha podido ser pero ha muerto como ha vivido, rodeado de cariño. Que en paz descanse.
Mi más sentido pésame a mi primo Ángel y familia, a Maite, a vosotras mujeres de Ramón, sobre todo a Irene que por estar viviendo con ellos le ha tocado tomar decisiones difíciles y a sus nietos que se han quedado sin el cariño y la dedicación de su abuelo. Un abrazo para todos.







